
"Un tétrico carnaval estrambótico ha llegado a su ciudad, señora... Pasará miedo, suplicará por su mísera alma y dejará escapar su imaginación hasta el más oscuro rincón de las entrañas del despreciable ser que habita en usted, cual parásito flagelado que la devorará desde el interior" Una cosa más o menos así debería rezar el anuncio del, ya presente en León, Circo de los Horrores.
El pasado sábado 21 de Mayo, jornada de reflexión, junto con un puñado de los que hasta entonces consideraba como amigos, me dirigí al León Arena para disfrutar de una "tranquila y amena" noche circense. Todo comienza con una entrada salvaguardada por un pequeño ghoul con la sangre a medio chupar rasgando con maldad cada una de las entradas. Paso a paso nos fuimos sumergiendo en un oscuro pasillo que desembocó en la gran carpa, un sudario negro que piramidal se alzaba ante nuestros ojos, fatuo, misógino, hambriento de víctimas. El siguiente paso fue conocer al acomodador que cual macabro Caronte condujo nuestras almas a, según sus palabras, nuestras privilegiadas localidades. Ya no había vuelta atrás, éramos propiedad del inframundo; y así comenzó el espectáculo, un fino y alegre purgatorio personal.
Los hechos se sucedieron de forma rápida e imprecisa; un Nosferatu que cual sombra del vampiro se abalanzaba sobre las multitudes, y de pronto una nariz roja, roja como la sangre que mana de la boca de un lobo asesino surgió a la pista, y como bufón de Luis XV tendió su mano hacia mi cuerpo y me arrastro a las sombras. Cual Dante en Divina Comedia fui torturado en una pequeña silla que rezumaba gusto amargo y hedor a frío sudor; sin bien mi vida no corría excesivo peligro mis nalgas temblaban estupefectas ante tan nefanda situaciación. ¿dónde estaban los amigos? Pues bien, yo se lo diré: sentados cual vegetales en primavera con mandíbulas desencajadas de tanto reír (no les culpo, hasta yo tuve que ceder a la ironía). El susto pasó, y finalmente conseguí no partirme el culo del todo ( ja ja, lo sé). Sudor, calor, por fin sentado, pero ¿por cuánto tiempo? Poco. Minutos después me encontraba atado por la sensual prima de la mismísima Isabel Báthory, la cual ni corta ni perezosa me hizo ladrar para su disfrute (sorpresa se tuvo que llevar), como premio colocó sobre mis hombros a su delicada y viperina mascota nívea que poco a poco se enrosco en mis muñecas, una simple introducción a la máscara de cuero o a los cuchillos voladores que vendrían con posteridad. El purgatorio es un camino hacia la introspección de la oscuridad del alma y esa noche, para ser sinceros, me olvidé la linterna. Muchas cosas más pasaron, los que estuvimos allí lo sabemos. Los que quieran saberlo, que vayan (de verdad que lo recomiendo). Pero... permitidme un pequeño consejo, nunca jamás le digáis a un demonio que os llamáis Christopher.
Por mucho que parezca lo contrario, me lo pasé genial. Aunque no me enteré mucho de lo que pasaba, habrá que volver
ResponderEliminarJajajaja Pobrín. Piensa que con todo lo mal que te lo hicieron pasar a nosotros nos alegraste la noche (y unos cuantos días más). Te portaste como un campeón!
ResponderEliminarTe queremos!!
Que grande eres!!nunca se me olvidará lo de crhistoooooooooooophhheeer!lo hiziste muy bien, sin ti el espectaculo no hubiera sido lo mismo!!
ResponderEliminarjajaja, si es que yo lloraba!!! salao, más que salao, otros no lo hubieran hecho tan bien, aunque el hippy del pelo largo se lució también jejeje
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