sábado, 19 de septiembre de 2009

Es Hai'dou bas'ke

Ocho vértices contrapuestos dibujan el cubo que me encierra, seis facetas colapsan mi horizonte mientras mi vista se torna marchita por el polvo que aberra el transcurrir de la luz. El aire se expande y se comprime transportando toda la fuerza de un sonido hueco y vano. El tejido caprichoso del tiempo se ha vuelto a rasgar, tornando sólida y fría la realidad; el otoño llama desesperadamente a mi ventana. No existe otra opción, debo dejarlo entrar. El blanco se vuelve gris, ambigüedad, el agua deja de mojar, perfección, la tierra se sublima y el ser se precipita al vacío, el lenguaje ha muerto, para qué hablar...

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